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De ratones y hombres (1937)
Es éste un conmovedor relato sobre la amistad y el trágico destino del ser humano. John Steinbeck (1902-1968) retrata el sacrificio que ha de afrontar George, el protagonista, para evitar el sufrimiento de su amigo Lennie.
La prosa es sencilla, directa aunque el autor adorna la trama con un rico lenguaje simbólico que hace referencia al entorno natural.
Así, la acción arranca en un lugar idílico:
"El atardecer de un día cálido puso en movimiento una leve brisa entre las hojas. La sombra trepó por las colinas hacia la cumbre. Sobre la orilla de arena, los conejos estaban sentados, quietos como grises piedras esculpidas. Y de pronto, desde la carretera estatal llegó el sonido de pasos sobre frágiles hojas de sicomoro. Los conejos corrieron a ocultarse sin ruido. Una zancuda garza se remontó trabajosamente en el aire y aleteó aguas abajo. Por un momento el lugar permaneció inanimado, y luego dos hombres emergieron del sendero y entraron en el espacio abierto situado junto a la laguna."
[...]
Presas de fuerzas implacables, los hombres retornarán a ese lugar de vida y muerte para ser actores y testigos del trágico final:
"La honda laguna verde del río Salinas estaba muy calmada a la caída de la tarde. El sol había dejado ya el valle para ir trepando por las laderas de las montañas Gabilán, y las cumbres estaban rosadas de sol. Pero junto a la laguna, entre los veteados sicomoros, había caído una sombra placentera.
Una culebra de agua se deslizó tersamente por la laguna, haciendo serpentear de un lado a otro el periscopio de su cabeza; nadó todo el largo de la laguna y llegó hasta las patas de una garza inmóvil que estaba de pie en los bajíos. Una cabeza y un pico silenciosos bajaron como una lanza y tomaron a la culebra por la cabeza, y el pico engulló el reptil mientras la cola de éste se agitaba frenéticamente."
(Barcelona: Edhasa, 1997; traducción de Román A. Jiménez)
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