Una vuelta atrás: El problema del país vasco

Romi Ruiz

Durante la Guerra Civil Española y después de varios intentos a lo largo del siglo XX de crear un estatuto de autonomía para las siete regiones vascas, José Antonio Agirre, en 1936 forma el primer Gobierno Vasco y se convierte en el primer Lehendakari (presidente) de Euskadi. El lunes, 26 de abril de 1937, se lleva acabo el bombardeo de Guernika por la aviación nazi a petición de Franco. Este ataque fue estratégico ya que buscaba acabar con el sentimiento de libertad y democracia simbolizado por el árbol de Guernika. Ironicamente fue el causante de que Aguirre declarara el estado vasco independiente.

La victoria militar del Franquismo finalizó el Estado de Euskadi y dio comienzo a una etapa en la que la población vascoparlante vivió sometida a la prohibición de su lengua, su cultura, y de la enseñanza en las ikastolas (escuelas que imparten materias en euskera).

En 1959, nace ETA, “Euskadi Ta Askatasuna” (país vasco libre y soverano). Esta organización armada surgió para luchar contra el franquismo y después de la llegada de la democracia permaneció utilizando la violencia para intentar conseguir autonomía total y la independencia del país vasco bajo un gobierno socialista.

La ETA hoy en día utiliza la extorsión de empresarios para su financiación, el asesinato de miembros de los principales partidos políticos, y de las Fuerzas de Seguridad del Estado y del Ejército para imponer un cambio en la constitución que posibilite la introducción del derecho de autodeterminación.

Muerto Franco en 1975 e instaurada la democracia, el Partido Socialista del Obrero Español (PSOE), se vio forzado a plegarse a las exigencias del pueblo español, con el objeto de no poner en peligro la transición a la democracia por un tema espinoso como es el de la unidad política vasca.

Cuando la comunidad autónoma vasco-navarra se hizo imposible, surgieron dos estatutos. Se hizo un referéndum en el que el Estatuto de Guernika fue aprobado por la ciudadanía vasca. En Navarra, no hubo ningún referéndum para aprobar su autogobierno.

En los setentas y ochentas se genera la guerra sucia para luchar contra ETA. Estas organizaciones fueron principalmente el Batallón Vasco-Español y los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), que asesinaban miembros de Herri Batasuna (brazo político de ETA) y activistas o refugiados de ETA que se encontraban en el País Vasco-Francés o Iparralde. Estas estaban formadas por mercenarios y miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado español, que se financiaban a través de los fondos reservados del Ministerio del Interior. Miembros de las fuerzas de seguridad francesas colaboraron activamente en la guerra sucia contra ETA, con el objetivo de que la violencia no se extendiera al territorio Iparralde.

Los presos de ETA se dispersaron por cárceles españolas en contra de la legalidad vigente. El gobierno español tomo esta resolución, para alejarles de las presiones del núcleo de la organización. Esta dispersión de los presos acarrea que se castigue a los familiares de los encarcelados, que deben de recorrer miles de kilómetros para poder estar con su familiar durante un breve lapso de tiempo.

Si bien en la actualidad persisten denuncias de torturas en comisaría a miembros de ETA, las cuales resultan desgraciadamente verídicas, y episodios aislados no esclarecidos de posible guerra sucia. Afortunadamente, tanto el Batallón Vasco-Español como el GAL dejaron de actuar hace muchos años, por el contrario ETA, sigue actuando, negándose a escuchar a la gran mayoría de la población vasca que quiere vivir en paz y conseguir sus objetivos políticos sean del tipo que sean, utilizando exclusivamente vías pacíficas y democráticas.

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