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Nuevo
libro advierte del peligro de la fe llevada a la política.
Una obra polémica que caricaturiza las
diferentes creencias religiosas
Por
Yaiza Martínez.
La
fe puede justificarlo todo, por lo que debe permanecer lejos de la política.
Este argumento se desprende del último libro publicado por el filósofo
Sam Harris, y que arrasa en las listas de ventas de Estados Unidos.
Harris advierte en él del peligro que existe en la relación entre
religión y violencia, y afirma que la fe influye demasiado en la vida pública
estadounidense. Para Harris, la política no puede someterse jamás a
las creencias religiosas que, aunque irracionales, no suelen ser
cuestionadas. Se asumen sin más y, por tanto, deben mantenerse al
margen de la política porque pueden justificar cualquier acción. Para
Harris, la religión está fragmentando la sociedad humana a nivel
global, y éste es un peligro que podría acabar con todo lo que hemos
construido.
Sam
Harris, autor de los bestsellers estadounidenses, "The End of Faith"
y "Letter to a Christian Nation", es un filósofo licenciado
por
la Universidad
de Standford y especializado en tradiciones religiosas orientales y
occidentales, que en la actualidad trabaja en el campo de la
neurociencia para desentrañar los mecanismos cerebrales de las
creencias.
Su lucha social se ha centrado en los últimos años en advertir acerca
del peligro que supone la religión en las sociedades modernas, el
riesgo que implica que creencias irracionales –no demostrables- se
usen para tomar decisiones políticas.
Desde este punto de vista, su útlimo libro, Letter to a Christian
Nation, ofrece con argumentos racionales una refutación de las
creencias que forman el núcleo del cristianismo fundamentalista, trata
de temas actuales como el diseño inteligente o la investigación con células
madre o la peligrosa relación entre religión y violencia. Asimismo,
advierte de la influencia que la fe ejerce en la vida pública de
Estados Unidos.
Dentro de la obra, en una “Nota a los lectores”, Harris señala que
el 44% de la población norteamericana está convencida de que Jesús va
a volver en algún momento de los próximos 50 años para juzgar a los
vivos y a los muertos, y que ése será el fin de los tiempos. Con
semejante número de personas con creencias tan apocalípticas, se
pregunta Harris, ¿cómo podrán estos creyentes ayudar a crear un
futuro perdurable para todos?
Si algunos de los miembros del gobierno estadounidense realmente tiene
fe en esta profecía, el riesgo aumenta: la política no debería bajo
ningún pretexto estar sometida a las creencias religiosas, sino que
debería mantenerse al margen de éstas. Los fundamentalismos ya no son
ninguna broma ni una simple opción a mantener en la privacidad: Harris
trata de dar cuenta de la peligrosidad que implican al pasar al terreno
de las decisiones políticas, y pide que los intelectuales no se
mantengan al margen de la crítica a la religión como fuente de daños
públicos, sino que utilicen sus conocimientos para concienciar a la
población.
De los primeros en las listas
Letter to a Christian Nation está en los primeros puestos de las listas
de ventas de libros en Estados Unidos, acompañando con sus ideas a las
de otros famosos y contestatarios ateos, como Richard Dawkins, que ven
que este país viola los derechos humanos en nombre de Dios.
Por eso, Harris señala que ésta es una cuestión urgente. Hijo de una
madre judía y un padre cuáquero, el autor afirma que la fe en Dios, en
cualquier Dios, es irracional como mínimo y, en el peor de los casos,
puede resultar devastadora para la sociedad humana.
Este segundo libro que ha escrito es una respuesta a las cartas que
recibió como consecuencia de la publicación de The End of Faith, en
las que los cristianos le reprochaban que no creyese en Dios. Para él,
la religión nos está fragmentándonos a nivel global.
La polarización religiosa forma parte de muchos de los conflictos
mundiales, incluyendo los de Israel e Irán. Sin embargo, esto nunca se
discute, declaró Harris para la agencia Reuters, ya que poca gente
llama a las cosas por su nombre.
Renunciar a la fe
Harris no tiene nada en contra de las iglesias ni las sinagogas, ni
contra las celebraciones religiosas. Sin embargo, como otros
intelectuales ateos de Estados Unidos, piensa que se debe reaccionar
contra la relación entre la religión y la política. Las actuaciones
de la administración Bush, el fracaso de la separación entre Iglesia y
Estado, y el conflicto aparentemente interminable con Oriente Medio, están
haciendo que la opinión pública estadounidense se sienta realmente
molesta.
Para Harris, la solución pasa porque renunciemos a la fe, si queremos
que la violencia religiosa no acabe con nuestra civilización. Con este
argumento radical afronta una problemática que, según él, está
originada por una irracionalidad que justifica cualquier cosa.
Harris señala que Occidente se asombra por las barbaridades que pueden
llegar a hacer los islamistas radicales y permanece impávido ante el daño
que originan nuestros propios mitos religiosos, cuando ambos
comportamientos vienen igualmente dirigidos por un la fe en un Dios
imaginario.
Harris teme los efectos de esta fe sobre el mundo, lo que le ha llevado
incluso a estudiar el cerebro humano, con la intención de combinar la
neurociencia y la filosofía para intentar comprender qué nos hace
mantener nuestras creencias o ser incrédulos.
Creencias y política
En una entrevista realizada por Eduardo Punset a Sam Harris para el
programa de televisión española Redes a finales del año pasado,
Harris señaló que las creencias religiosas nunca son cuestionadas del
mismo modo que otros tipos de creencias, nadie exige motivos
fundamentados para validar cualquier tipo de fe.
Harris se alarma de que la fe en Dios llegue a impulsar a los senadores
de Estados Unidos con respecto a las políticas a aplicar.
En la mayoría de los países, señaló en dicha entrevista, se educa a
los niños para que acepten las proposiciones religiosas sin
cuestionarlas. Eso hace que estemos dispuestos a cuestionarnos cualquier
creencia – incluso los fundamentalistas religiosos son extremadamente
lógicos en otras áreas de sus vidas- menos las religiosas. Y de ahí
viene el peligro, porque éstas pueden justificarlo todo.
De la misma manera que un terrorista suicida cree que inmolándose irá
directo al paraíso tras su muerte, uno acepta que se conquisten países
en los que morirán miles de inocentes porque “Dios está de nuestro
lado”. Ambas ideas, igual de irracionales y basadas en creencias dogmáticas,
tienen resultados igualmente nefastos para la humanidad.
Es decir, que la fe no queda confinada sólo al campo de la religión,
sino que actualmente repercute en la política social y en los
conflictos interculturales, porque la gente que cree en ello realmente
piensa que sus interpretaciones del mundo son totalmente correctas.
Amplias críticas
La obra de Harris ha sido ampliamente criticada, especialmente por
personalidades creyentes. Se le acusa de caricaturizar las diferentes
religiones, desde el Islam al Judaísmo y el Cristianismo, de las que
destaca únicamente sus aspectos negativos, sin valorar las aportaciones
socialmente constructivas de las creencias religiosas. También se ha
destacado su intransigencia hacia la fe, potencialmente capaz de generar
tanto daño como los fanatismos religiosos.
Por otra parte, Harris ignora además la inmensa aportación crítica
que, especialmente dentro del cristianismo, se está haciendo para
frenar el auge de los fundamentalismos, conectando religión con ciencia
y cultura moderna. Hoy en día religión no debe identificarse sólo con
"fundamentalismo", aunque en ocasiones, quizá demasiadas, sea
correcto hacerlo.
Puiblicado
en
TENDENCIAS 21, revista electrónica de ciencia, tecnología, sociedad y
cultura. www.tendencias21.net
Gentileza
de Rogelio Rodríguez
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