No es la primera vez que se presentan candidatos del sector campesino
a las elecciones nacionales para ingresar al parlamento, experiencias
anteriores como las de Untoja del Katarismo Nacional Democrático
o Víctor Hugo Cárdenas nos debe servir como ejemplo de
lo que puede desarrollarse. Las corrientes políticas del campesinado
que han surgido en los últimos años, muchas de ellas radicales
y opuestas al régimen de gobierno, en la mayoría de los
casos han terminado adaptándose a distintos gobiernos o siendo
parte de acuerdos y concertaciones para fortalecer la estructura de
régimen que margina a estos sectores. Los discursos indigenistas
parecen haberse convertido en la vitrina atractiva de una posición
teórica autodeterminada, pero que no sirve más que para
adornar un discurso de afiliación al sistema, engañando
y defraudando a sus propios sectores. Víctor Hugo Cárdenas
fue la muestra más evidente pero no la única, en que una
estructura política campesina termino subordinada a un gobierno
y a un partido como es el caso del MNR. Untoja que en su búsqueda
de la teoría política indígena planteó el
surgimiento de una estado nación a través de el desarrollo
capitalista interno en los aymaras y Quechuas, termino apoyando al gobierno
de ADN que en su gobierno deja cerca de 40 campesinos asesinados por
no hablar dela década de los 70 y la masacre de Tolata. Incluso
el gobierno de Tuto no ha tenido el menor inconveniente de incorporar
a su gobierno a la emebelista Tomasa Yarhui en asuntos campesinos, con
el único fin de lograr desactivar las movilizaciones del sector.
Una propuesta que una
a los obreros y campesinos
Solo la unidad de obreros y
campesinos puede plantearnos el liberar de la opresión a las
naciones que componen este territorio, pues la opresión a la
que están sometidas las naciones Aymaras, quechua y otras no
viene por un carácter de piel o raza únicamente, sino
por que clase social es la que detenta el poder del estado, pues en
muchos casos son los empresarios originarios de la mano de la burguesía
blancoide los que explotan a los propios aymaras, o quechuas. La opresión
y la marginalidad a la que es sometido el sector campesino también
se manifiesta en las ciudades y no esta delimitada por el color de la
piel ni por el origen de pertenencia. La clase social que domina el
estado es la burguesía. La forma de buscar la libertad y el respeto
a la nacionalidad no esta dado solo por los marcos reivindicativos de
origen, sino en la unidad del colectivo de nacionalidades que coexisten
para un desarrollo común. Es en este marco que las propuestas
electorales que revindican el derecho a la autodeterminación
y a la nación oprimida dejando este planteamiento en los marcos
reivindicativos locales, dejan de lado las verdaderas causas por las
que se desarrolla esta marginalidad, que es la explotación a
la que es sometido el hombre y las distintas nacionalidades. La única
forma de terminar con este sombrío escenario es desarrollando
la unidad de todos los sectores oprimidos y explotados por esta clase
social racista, es decir desarrollando la mas amplia unidad obrera campesina
y popular que haga saltar por los aires este estado excluyente.