José Carlos Mariátegui
José
Carlos Mariátegui," La organización del proletariado", y la
formación del partido de la clase obrea el 7 de octubre de 1928. Luego
afiliaria al partido a la Internacional Comunista suscribiendo todos los puntos
en donde para diferenciar el caracter partido revolucionario con partidos
socialdemocratas asume el nombre de Partido Comunista Peruano.
Acta de fundación del Partido Socialista Peruano
Los suscritos declaran constituido un Comité que se propone trabajar en las masas obreras y campesinas conforme a los siguientes conceptos:
1 -La organización de los
obreros y campesinos con carácter netamente clasista constituye el objeto de
nuestro esfuerzo y nuestra propaganda, y la base de la lucha contra el
imperialismo extranjero y la burguesía nacional.
2.-Para la defensa de los
intereses de los trabajadores de la ciudad y el campo, el Comité impulsará
activamente la formación de sindicatos de fábrica, de hacienda, etc.; la
federación de estos en sindicatos de industrias y su confederación en una
central nacional.
3.-La lucha política exige la
creación de un partido de clase, en cuya formación y orientación se esforzará
tenazmente por hacer prevalecer sus puntos de vista revolucionarios clasistas.
De acuerdo con las condiciones concretas actuales del Perú, el Comité
concurrirá a la constitución de un Partido Socialista, basado en las masas
obreras y campesinas organizadas. 
4.-Para precaverse de
represiones y persecuciones desmoralizadoras, los sindicatos obreros y
campesinos gestionarán su reconocimiento por la Sección del Trabajo. En su
Estatuto, su declaración de principios se limitará a la afirmación de su carácter
clasista y de su deber de contribuir a la fun- dación y mantenimiento de una
confederación general del trabajo.
5. La organización sindical y
el partido Socialista, por cuya formación trabajaremos, aceptarán
contingentemente una táctica de frente único o alianza con organizaciones o
grupos de la pequeña burguesía, siempre que estos representen efectivamente un
movimiento de masas y con objetivos y reivindicaciones concretamente
determinados.
6.-El Comité procederá a la formación de comités en toda la República y de células en todos los centros de trabajo, con relaciones estrictamente disciplinadas.
7 de Octubre de 1928.
En
1970, Jorge del Prado ya tenía 60 años y era secretario general del Partido
Comunista. En los años inmediatamente posteriores, tuvo un discurso de abierto
apoyo a las reformas del gobierno militar. Ello lo convirtió en blanco de las
iras de la nueva izquierda de esos años. Casi 30 años después, del Prado
continúa su militancia y los recuerda con simpatía pero no con indulgencia. El
siguiente texto constituye un extracto de la conversación que sostuvo con
Quehacer sobre la nueva izquierda de los años 70.
Considero
correcto reconocer que hubo una “generación” de los 70 en la izquierda
peruana. Estuvo unida por un propósito transformador casi común de los valores
y las prácticas políticas. Tuvieron razón sus voceros cuando se auto
denominaron “la nueva izquierda”. Renació con ella el espíritu científico
de investigación de nuestra realidad nacional.
No
fue una generación mariateguista porque en la mayoría de sus agrupaciones
operaban las corrientes o movimientos social cristiano y social demócrata de
izquierda. Creo pertinente reconocer que el afloramiento de toda una hornada
generacional empeñada en el análisis científico de nuestra realidad social,
tuvo la virtud de hacer comprender reflexivamente a los comunistas que el
descuido de esa vital tarea había sido el más oneroso vacío de nuestro
partido. Pero creo también que la nueva izquierda de los 70 no valoró como era
debido el aporte de la clase obrera organizada y de otros sectores populares que
son actores muy importantes e imprescindibles en la política nacional.
Refiriéndome
no tanto a la “generación de los 70” sino a su más importante producto político,
Izquierda Unida, las personalidades que más recuerdo son Alfonso Barrantes,
Henry Pease, Javier Diez Canseco, Gustavo Mohme, Rolando Breña, Manuel Dammert,
Gloria Helfer, Narda Henríquez y Rolando Ames.
En
Alfonso Barrantes, su carisma y sociabilidad se hicieron proverbiales. Era además
un diplomático o negociador muy hábil. Habría sido imposible que otra persona
sin tales virtudes hubiese llegado a los lugares de conducción política que
ocupó Alfonso. Pero lo criticable no fue menos importante. Su conducta como ser
humano se hizo merecedora de gran aprecio. Sin embargo, su excesiva
susceptibilidad, colindante con la soberbia, le llevó a hacer el juego de
quienes deseaban precisamente alejarlo de nuestro camino.
Juzgo
por eso que su renuncia al cargo de Presidente de I.U. fue un indicio muy
negativo de que había comenzado a perder su conciencia histórica.
Con
Javier Diez Canseco, no obstante mi desacuerdo tajante con el trato que dio a
Barrantes y a nuestras divergencias políticas innegables, encuentro que más
frecuentes fueron y son nuestras coincidencias. Mi amistad personal con Javier,
aunque fue difícil en los primeros momentos, ha venido estrechándose y haciéndose
más cálida a medida que pasa el tiempo. Y algo similar cabe decir de mi
amistad con Rolando Breña, Alberto Moreno y otros dirigentes de “Patria
Roja”.
Con
Henry Pease, Gloria Helfer, Rolando Ames, ocurre algo parecido aunque en términos
tal vez más respetuosos. Divergimos ideopolíticamente aunque en ningún
momento llegamos a un enfrentamiento radical. Mi amistad con Gustavo Mohme es
muy grande. Y algo similar, aunque no en igual medida puedo decir de Manuel
Dammert y Enrique Bernales.
En
cambio considero a Abimael Guzmán y a “Sendero” como una verdadera y muy
repudiable aberración histórica. No hace falta referirnos a los disparates
anacrónicos y fundamentalistas de su pseudo ideología, ni a sus deformaciones
monstruosas y fraudulentas del marxismo, tampoco a su accionar genocida
igualmente monstruoso. Al PCP, el senderismo no sólo lo ha dañado con el
asesinato físico de cerca de 20 alcaldes comunistas y líderes sindicales,
sino, sobre todo, por haber usurpado flagrantemente el nombre “comunista” y
hasta nuestro símbolo de la hoz y el martillo.
A
pesar de todo, la generación setentista no ha sido derrotada si se tiene en
cuenta que la alternativa de izquierda sólo ha quedado pendiente, aunque
obligada a actualizarse. Pero es indudable que experimentaron una tremenda
derrota en las elecciones generales del 95.
No
creo que la del 70 sea la última generación de izquierda peruana. Admitir eso
sería compartir con el criterio equivocado, de que el socialismo en el Perú y
en el mundo ha desaparecido, y se ha producido el fin de la ideologías.
La
realidad del mundo y de nuestro país demuestran que la alternativa neoliberal
no es real ni razonable puesto que no es capaz de resolver los problemas económicos
sociales ocasionados a la humanidad por el sistema capitalista y, peor aún,
viene agravando día a día tales problemas. El socialismo real de la ex URSS y
de los países europeos del este se caracterizó por el excesivo autoritarismo y
el burocratismo, pero aportó grandes conquistas sociales como ningún tipo de
sociedad anterior. Pleno empleo y remuneraciones dignas, educación y atención
médica totalmente gratuitas, cultura al alcance de todos. Y en el campo
internacional, la URSS desempeñó el papel más importante en la derrota
mundial del nazi fascismo.
¿Quién
puede negar ahora o en el futuro la trascendencia universal de tales
contribuciones? Los pueblos de Europa que se beneficiaron con ellos y los de América
que sienten en la Revolución Cubana la trinchera más firme en nuestra lucha
continental por el Socialismo, estamos hoy empeñados en reagrupar fuerzas.